Nov
17
2009

LaWi
Si has visto o leÃdo Love Hina, te acordarás de que Keitaro, el protagonista, tiene una pequeña colección de pequeñas fotopegatinas. Son purikura, pequeñas fotografÃas impresas en papel adhesivo decoradas con marcos o pequeños diseños, que son objeto de recuerdo o incluso de colección para muchos nipones, especialmente los más jóvenes. El nombre proviene de cómo se conocÃan las primeras máquinas dedicadas a esto, “Print Club” (purikura serÃa la pronunciación japonesa).

Se sacan a través de una especie de fotomatones algo más grandes de lo que estamos acostumbrados a ver (y que en ocasiones ocupan plantas enteras de centros comerciales, y existen recreativas totalmente dedicados al purikura). Allà nos sacamos una foto y podemos elegir un marco, un diseño, dibujos, etc. para que adornen nuestra foto. Luego se imprime en papel adhesivo, aunque también puede enviarse al e-mail o al móvil, según prefiera cada uno. El coste oscila entre 200 y 600 yenes (aproximadamente de 1,50 a 4,50 euros). Esta imagen muestra cómo es la pantalla de edición de las fotos, donde le añadimos toda la decoración:

Hay algunas páginas web, como PuriCute, en las que podemos simular purikura y guardarnos la imagen en el ordenador. Esta fotografÃa muestra cómo son desde fuera las máquinas reales:

¡Ja ne!
Nov
07
2009

LaWi
Se conoce como hikikomori (que quiere decir reclusión, aislamiento) a un fenómeno que se ha venido desarollando en los últimos años en Japón. Consiste en adolescentes y jóvenes japoneses que se sienten abrumados por la exigente sociedad e incapaces de cumplir lo que se espera de ellos. Son personas que se aÃslan socialmente. Lo sufren cerca de 1.200.000 personas, la mayorÃa varones (el 77%) y primogénitos.A veces se combina con depresión y ansiedad, pero no tiene porqué ser asÃ.

Lo habitual es que estos jóvenes vivan encerrados en sus casas o en una parte de ella, especialmente tras pasar por algún tipo de fracaso en su vida (un examen suspendido, problemas con amigos o con la pareja, etc.). Muchas veces su reclusión dura meses, e incluso años (en el 41% de los casos dura más de un año), en los que rehúsan cualquier contacto social (por lo cual no consiste en lo mismo que la agorafobia, el miedo a los espacios abiertos). Algunos, sin embargo, se atreven a salir de noche solos, o a hablar un poco con sus familias. Tener un hijo que sufra este trastorno afectivo supone una verguenza para la mayorÃa de las familias, que no saben como reaccionar y tardan mucho en pedir ayuda psicológica, aunque existen ya clÃnicas especializadas.
Este fenómeno aún no se ha declarado sÃndrome y dice mucho (y no demasiado a favor) de la cultura japonesa que sólo ocurra en el paÃs nipón y que lo sufran aproximadamente 1 de cada 10 personas. Internet es la gran vÃa de escape para estas personas, su mayor entretenimiento y en ocasiones su única fuente de relación social. Sin embargo todos los datos son aproximados dado que se trata de u ntema prácticamente tabú en las familias, que muchas veces no quieren hablar de ello.
¡Ja ne!